Entre el final de la Guerra de la Independencia y los años ochenta del siglo XX, Móstoles pasó de ser un pueblo agrícola de unos pocos miles de habitantes a una de las mayores ciudades de España.
Un siglo XIX de altibajos
La guerra dejó al pueblo exhausto y la primera guerra carlista retrasó la recuperación. A mediados de siglo, sin embargo, llegaron mejoras: en 1852 se inauguró la Fuente de los Peces, con un lavadero público, se construyeron unas nuevas escuelas municipales y se instaló alumbrado de petróleo. Por esa apuesta educativa, el rey Alfonso XII concedió a Móstoles el título de Villa Ilustrísima.
Llega el tren
En 1891 se inauguró el ferrocarril de vía estrecha Madrid-Almorox, con estación en Móstoles. Aquella línea se cerró en los años setenta y parte de su trazado dio origen a la actual línea C-5 de Cercanías; otro tramo es hoy la vía verde del Guadarrama. Entre 1910 y 1920 llegaron también la electricidad y el teléfono.
La Guerra Civil
En 1936 la ermita de los Santos se convirtió en hospital de sangre. Móstoles fue bombardeada en octubre y el 3 de noviembre de 1936 la ocuparon las tropas sublevadas que avanzaban por la carretera de Extremadura hacia Madrid. La guerra dejó la mitad de los edificios en ruinas.
La gran transformación
Con el desarrollismo, miles de personas llegadas de Extremadura, Castilla, León, Galicia y otras regiones buscaron vivienda cerca de Madrid. Móstoles pasó de casi 4.000 habitantes a mediados de los años sesenta a superar los 200.000 a comienzos del siglo XXI. El crecimiento fue tan rápido y desordenado que faltaban colegios, centros de salud y agua.
Los ayuntamientos democráticos
A partir de 1979, con el alcalde Bartolomé González y la presión de las asociaciones vecinales, se frenó la construcción y se apostó por los equipamientos: en 1983 abrió el Hospital de Móstoles y el Plan General de 1985 ordenó la ciudad que hoy conocemos, con grandes parques como el de Finca Liana.