Los orígenes: de la prehistoria a Roma

Fósiles, útiles de sílex y una villa romana junto al arroyo del Soto

Aunque Móstoles se convirtió en gran ciudad hace apenas medio siglo, su término lleva miles de años habitado. Los hallazgos del arroyo del Soto y del casco urbano cuentan una historia mucho más antigua que sus bloques de viviendas.

Fósiles y cazadores del Paleolítico

En el entorno del arroyo del Soto, cerca del actual parque, se localiza un yacimiento paleontológico con restos de fauna terciaria, entre ellos fósiles de Gomphotherium —un pariente lejano de los elefantes— y de rumiantes. Del Paleolítico han aparecido raederas, puntas y otros útiles de sílex, casi siempre junto a arroyos y antiguas lagunas, los lugares donde aquellos grupos de cazadores encontraban presas.

Antes de Roma

Cerca de la desembocadura del arroyo del Soto en el río Guadarrama se hallaron dos fíbulas de bronce que parecen datar del siglo IV a. C. Son la prueba de que la zona estaba poblada antes de la llegada de los romanos, quizá por una comunidad asentada en alguno de los cerros que dominan el Guadarrama.

Un núcleo romano y sus villas

De época romana se han documentado en el centro de Móstoles una necrópolis, un horno de cerámica y abundantes fragmentos de terra sigillata y monedas. En las vegas de los arroyos del Soto y de la Reguera existieron además explotaciones agrícolas (villae). En 2002 apareció junto al arroyo del Soto una lápida funeraria que una mujer llamada Fortunata dedicó a su marido, Flavianus: probablemente los primeros mostoleños cuyo nombre conocemos, del siglo II.

Una encrucijada de caminos

El arqueólogo e historiador local Jesús Rodríguez Morales defendió que Móstoles fue ya en la Antigüedad un cruce de vías importantes, como las que unían Toledo con Segovia o la meseta con Mérida. Esa condición de lugar de paso marcará toda su historia posterior.

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